El próximo
viernes 13 de junio se realizará una inspección ocular en el predio que ocupó La Cacha
y para el miércoles 18 fue convocada la próxima audiencia en la que se seguirán
escuchando testimonios.
Son 21 los imputados en este proceso, por 135 víctimas, entre ellas 7 embarazadas.
Embarazadas
jueves, 12 de junio de 2014
29° audiencia
La jornada del viernes 6 de junio de 2014 comenzó con
la declaración de Teresa Calderoni
por teleconferencia desde San Juan. Teresa permaneció secuestrada en La Cacha
durante 1977.
A fines de aquel año se encontraba estudiando con
unas compañeras para rendir un examen de enfermería en la casa de Nora Formiga,
cerca del Regimiento 7 en La
Plata. Ese día eran, además de ella, cuatro mujeres más;
según dijo estaban Ana María Nacarato, Nora Formiga, Elena Arce –profesora
suya- y una chica embarazada a quien no conocía.
Allí irrumpieron unos hombres y las sacaron a
empujones y patadas y vendadas y esposadas las trasladaron a La Cacha.
Norma aclaró que antes de ser trasladadas la chica
embarazada tomó una pastilla para suicidarse; un gendarme ordenó suministrarle
lavandina para provocarle vómitos y así lo hicieron.
Al llegar a La
Cacha Teresa fue interrogada bajo tortura. Luego fue
llevada a otro lugar en donde la alojaron sola. Tiempo después supo que había
muchas personas, hombres y mujeres, en su misma condición, que permanecían
tiradas en colchones en el suelo, esposadas y encapuchadas. En el lugar los
guardias comenzaron a llamarla La Tana , porque ella
es italiana.
Pudo ver que el lugar estaba rodeado de césped;
escuchaba un tren y perros. Recordó además que el maltrato era permanente en la
forma de hablarles, de servirles la comida como animales, en no permitirles
comunicarse entre sí. Por las noches escuchaba muchos disparos; ella lo
relacionaba con la muerte de los secuestrados.
También mencionó que la obligaban a barrer la parte
superior del lugar en donde estaban alojados.
Entre los guardias y torturadores mencionó a Palito.
Antes de ser liberada, pudo conversar con Nora
Formiga, que estaba muy mal física y moralmente; había sido muy torturada. Nora
además le dijo que la embarazada que secuestraron de su casa no estaba más
allí, pero que había dado a luz. Teresa sabía solamente que la joven decía ser
de la provincia de Chaco y que su marido no estaba en la ciudad.
Relató también que al ser liberada fue llevada en un
auto, con dos hombres que le decían que debía olvidarse de todo lo que le había
sucedido y que sería controlada. La dejaron en una parada de colectivo, le
dieron un pulover y se fueron.
Dos años después, mientras ella trabajaba en el
Hospital Naval, un suboficial de la marina la perseguía en el lugar y llegó a
decirle que él la había cuidado en La
Cacha ; incluso el mismo hombre fue a su casa. Teresa nunca
supo para qué ni cuál era su identidad.
Señaló que esta experiencia tuvo consecuencias
terribles en su vida y que hasta el presente continúa con tratamientos
psicológicos para poder olvidar.
La declaración de Teresa fue interrumpida en varias
oportunidades por los planteos formulados por los defensores Martín Adrogué,
Fernando Buján y Juan José Losinno. El tribunal reprendió nuevamente a los
abogados recordándoles que deben permitir que los testimonios se desarrollen
sin interrupciones. Asimismo, indicaron al abogado Losinno que el conocimiento
de la prueba es responsabilidad de cada uno de los actores, ya que el mismo se
quejó por desconocer ostensiblemente el auto de elevación a juicio.
A continuación declaró Fátima de los Ángeles Cristal, amiga del imputado Raúl Ricardo
Espinoza. Dijo conocerlo desde hace veinte años a través de la esposa de aquel,
llamada Gladys. Afirmó que el integrante de inteligencia del Ejército fue
entrenador de fútbol de niños, hincha de Estudiantes de La Plata y River, que suelen
llamarlo Chapa, porque tiene una chapa
en la cabeza y que considera que es una buena persona.
Luego fue el turno de Solange Surai Bertoldi Real, vecina del imputado Raúl Ricardo
Espinoza. Indicó que lo conoce desde hace pocos años y destacó que el imputado
le prestó una vez un enchufe cuando se mudó. Considera que es buen vecino y
también refirió que fue director técnico de una escuela de fútbol infantil y
que es hincha de Estudiantes de La
Plata y de River.
A continuación declaró Mirta Graciela Delgado, también vecina del imputado Raúl Ricardo
Espinoza, a quien conoce desde 1991. Sabe que trabajó de gestor, con fútbol
infantil y también está convencida de que es bueno, servicial y buen vecino.
Luego declaró Enrique
Esteban Lyde, amigo del imputado Raúl Ricardo Espinoza. Dijo conocerlo
desde 1986 y haber trabajado con él en varios clubes con fútbol infantil. Sabe
que Espinoza trabajó como gestor y luego en Bagó. También cree que es una buena
persona. Agregó que vive con su esposa y el nieto de ésta y que es hincha de Estudiantes
de La Plata y
River.
En último lugar declaró Elsa Marta Rumbo, prima de Ana Inés Della Croce.
Afirmó que tenía mucha diferencia de edad con su
prima Ana Inés y que desde 1969 vive en Mar del Plata. Desde entonces dijo
haber perdido el vínculo con esa parte de la familia, a quienes sólo veía al
compartir las reuniones familiares.
También dijo que supo de la “detención” de su prima a
través de su tía y por comentarios de su madre. Por lo demás, había temas que
la familia no tocaba y evitaban los temas políticos. Agregó que no volvió a
hablar con su tía del tema y que no supo nunca las gestiones que se realizaron
para ubicar a Ana Inés. También negó haber conversado sobre esto con su marido,
Daniel Eduardo Robelo, quien declaró el 23 de mayo en esta causa y se encuentra
actualmente imputado en la causa Base III de Mar del Plata en la que se
investigan los crímenes cometidos por el circuito represivo de la Marina.
En el final de la jornada, el abogado Martín Adrogué
indicó que su defendido Miguel Osvaldo Etchecolatz no podría ampliar su
indagatoria por cuestiones de salud. Por su parte, Losinno recusó nuevamente al
presidente del tribunal, Carlos Alberto Rozanski, puesto que teme su
parcialidad ya que el juez participó en juicios anteriores en donde declararon
algunos testigos que vuelven a declarar, como Teresa Calderoni.
Después de un cuarto intermedio, el tribunal resolvió
rechazar in limine el planteo
recusatorio del defensor, ya que consideró que el mismo encubre otros planteos
como la objeción de la prueba que no realizó en su momento u objetar las
preguntas durante el interrogatorio.
La próxima audiencia fue convocada para el miércoles
11 de junio a partir de las 10.00 hs. Se prevé la declaración de Clara María
Elsa Petrakos, Gonzalo Leónidas Chaves, María de Montserrat Olivera y Alfredo
Tarruela.
28° audiencia
La jornada del miércoles 4 de junio de 2014 comenzó
con la declaración de Enriqueta Estela
Barnes de Carlotto, madre de Laura Estela Carlotto.
Relató que el primer golpe en su familia ocurrió el
16 de septiembre de 1976 cuando secuestraron a María Claudia Falcone con otros
compañeros de la escuela secundaria. María Claudia era la hermana del marido de
una de sus hijas. Con ello dio comienzó la persecución a las familias Falcone y
Carlotto.
Su hija Laura estudiaba el profesorado de Historia en
la Universidad Nacional de La Plata y era conocida como Rita; su otra hija, Claudia, aún cursaba el secundario; ambas eran
militantes.
Recordó que el lunes 1° de agosto Laura se iba a
mudar del lugar en el que vivía con un matrimonio y sus hijos. Para ello le
pidió prestada la camioneta de trabajo a su padre, Guido. Acordaron que la
devolvería al terminar. Pero al ver que las horas pasaban y Laura no regresaba
con la camioneta, Guido la dejó a Estela a cargo de la pinturería y se dirigió
al domicilio de Laura para ver qué sucedía. Al llegar al lugar no encontró a
nadie y vio todo destruido; cuando estaba por salir fue secuestrado.
Entonces Estela inició las gestiones para averiguar
el paradero de su esposo; apeló a la iglesia, a politicos y finalmente logró
una entrevista con Reynaldo Bignone en su casa de Castelar. Previamente, a
través de un contacto con Patricio Errecalde Pueyrredón, le propusieron que a
cambio de 40 millones de pesos de la época lo entregarían. Veinticinco días
después Guido fue liberado en un baldío. Al regresar contó a su familia todo lo
que sufrió y vivió durante su secuestro. Estela recordó que todos pensaban que
había perdido la razón por las cosas que contaba, pero con el tiempo
corroboraron que eran ciertas.
A partir del secuestro de Guido, Laura pasó a la
clandestinidad. Se mudó a Capital Federal con un compañero y mantenía el
contacto con su madre telefónicamente y por carta; se encontraba a veces con su
padre en Capital. El último llamado que recibieron fue el 16 de noviembre de
1977; de esa fecha también fue su última carta. A partir de entonces supusieron
que la habrían secuestrado.
Estela siguió los mismos pasos que con el secuestro
de Guido; apeló a la iglesia, a los políticos y a Reynaldo Bignone. Se
entrevistó con él en el Comando del Primer Cuerpo del Ejército; pero ahora el
militar se encontraba desquiciado. Estela le pidió que juzgaran a su hija si
había cometido algún delito; también pidió que le devolvieran sus restos para
poder enterrarla si ya estaba muerta.
A través del mismo contacto con Patricio Errecalde
Pueyrredón le pidieron dinero a cambio de la liberación de Laura; pagaron 150
millones de pesos, pero Laura no fue liberada. Tiempo después efectivos del
Ejército al mando de Enrique Rospide ocuparon la casa y edificio de Estela y la
interrogaron.
Estela recordó que no sabía que su hija estaba
embarazada al momento de ser secuestrada. A fines de 1977 Estela Campos, una
mujer vecina del barrio, se acercó al comercio de Guido y le contó que había
permanecido secuestrada con Laura, quien estaba cursando entonces el sexto mes
de embarazo y que le había dicho que si su hijo era varón lo llamaría Guido,
como su padre, y que la familia debía ir a buscarlo a Casa Cuna en junio de
1978, fecha para la que esperaba el nacimiento.
Pasaron los meses y el 25 de agosto de 1978
recibieron un parte de la Comisaría 9na de La Plata citando urgentemente a los padres
de Laura Carlotto en la Subcomisaría de Isidro Casanova. Estela recordó que fue
un momento de mucha emoción; pensaron que tal vez su hija estuviera detenida
allí con el niño, pero también pensaron lo peor. Se dirigieron allí su esposo,
su hermano y ella. Al llegar, el comisario les exhibió el DNI de Laura en
perfectas condiciones y les dijo que había fallecido. Estela perdió la
templanza y los acusó de matarla y preguntó por el niño; le dijeron que no
había ninguno. Les suministraron una partida de defunción en donde Laura
aparecía como N.N.; además se dejaba constancia de que no había acatado la
orden de detención, por lo que había sido acribillada en la Ruta 3 y
Cristianía. Los padres retiraron el cuerpo y lo velaron con el cajón cerrado.
Estela dijo que entonces tomó fuerza para seguir buscando a su nieto.
En 1980 se encontró con un grupo de elixiados
refugiados en Brasil, quienes le dieron noticias sobre el cautiverio de Laura.
Alcira Ríos y Luis Córdoba habían estado secuestrados con ella; Laura les
relató el parto y se ocupó de que los guardias atendieran a Luis, que había
sido muy torturado. Ambos vieron cómo Laura iba a ser liberada, según creían.
Pero al entrevistarse con Estela supieron que Laura fue sacada de La Cacha para ser asesinada. También
otras personas liberadas la vieron en La
Cacha, como Elsa Campos y María Laura Bretal.
En 1985 el juez Hortel pidió la exhumación de los
restos; con el equipo de antropólogos dirigido por Clyde Snow documentaron que
se trató de un asesinato; Laura tenía un brazo quebrado, balas en la cabeza
disparadas desde atrás y las marcas en la pelvis que correspondían al parto;
también verificaron que había permanecido secuestrada un tiempo considerable
por el deterioro de las piezas dentales. Estela recordó que presenciar la
exhumación representó un duelo para ella que le dió más fuerzas para buscar a
su nieto Guido.
En su declaración destacó su confianza en la justicia
y apeló una vez más a los imputados, pidiéndoles que tengan el valor de decir
en dónde están los niños que robaron.
A continuación declaró Norma Lidia Aquín, quien permaneció secuestrada en La Cacha durante 1978.
El 18 de julio de 1978 fue secuestrada de su casa;
estaban presentes su pareja y sus hijos. Fue esposada e introducida en un auto
y llevada a La Cacha. Allí se
encontró con María Inés Paleo y otras personas. Pocas horas después escuchó que
a su lado pateaban y golpeaban a su madre.
Recordó que durante cinco días la llevaron
diariamente a ser interrogada bajo tortura a un sala ubicada en un lugar
exterior al lugar en el que permanecía alojada. Permaneció un tiempo en el
sótano y luego en la parte superior; también en un lugar que llamaban Cuevitas, en donde vio a Laura Carlotto,
Rita, y María Cristina García, La Gringa.
El 25 de julio de 1978, el día del cumpleaños de su
madre, la llevaron para que se despidiera de ella. Su madre salió en libertad
entonces y cree que Antonio José Plaza pudo intervenir en las gestiones para
liberarla. Norma permaneció en La Cacha;
estaba embarazada de dos meses. Ese mismo día se descompensó y fue llevada a la
U8, en donde permaneció más de una semana. Al regresar en los primeros días de
agosto la alojaron en la cuevita de
la planta baja con otras mujeres, algunas de ellas también embarazadas.
Durante su secuestro pudo conversar con Laura
Carlotto, quien le contó que permanecía en una “casita” contigua al lugar en el
que se realizaban los interrogatorios bajo tortura. Allí permanecía durante el
día, pero a la noche dormía con el resto de los secuestrados. Le contó también
que tuvo a su hijo en un hospital o clínica; la durmieron después del parto y
le sacaron a su hijo, a quien llamó Guido. Le habían dicho además que lo
entregarían a su madre; Laura estaba convencida de que la liberarían. El 24 de
agosto se la llevaron junto a Carlos Luis Lahitte
Norma refirió las condiciones en las que
permanecieron allí, la suciedad, la escasa y repulsiva comida, el frío.
Entre las personas secuestradas mencionó a María Inés
Paleo, Néstor Arrúa, Carlos Luis Lahitte, Luis Córdoba, Laura Carlotto, María
Cristina García, María Laura Bretal, Alcira Ríos, Alicia Cabrera, Luciano
Gutiérrez.
Entre los guardias y torturadores mencionó a Palito, el Oso Acuña, el Marpla, Pablo, Daniel, Romo, Flores, Manuel Gordillo.
El 20 de octubre de 1978 fue liberada.
En el final de su declaración agradeció poder
expresarse y poder hacerlo por todos los compañeros que quedaron en el camino.
Los delitos cometidos en perjuicio de Norma no se
investigan en el presente juicio.
Luego fue el turno de María Inés Paleo, quien permaneció secuestrada en La Cacha durante 1978.
El 25 de julio de 1978 fue secuestrada de su
domicilio con su marido e hijo de diez meses. De allí fueron trasladados en dos
autos hasta la casa de Alejandro Enrique Gutiérrez, en donde le hicieron dejar
a su hijo.
Luego su esposo, Alejandro y ella fueron llevados a
la Comisaría 2da de La Plata, en donde fueron torturados y por la mañana
temprano fueron trasladados a La Cacha,
cuando cambiaba la guardia del lugar.
Al ingresar los autos en el predio, María Inés pudo
escuchar que daban una contraseña para que les permitieran el acceso. Ella fue
alojada en una habitación con otras mujeres, entre las que estaba Laura
Carlotto, a quien conoció como Rita.
Al día siguiente fue torturada y luego fue alojada en
el sótano.
Con Laura pudo conversar en varias oportunidades. A
veces aquella servía la comida, llevaba a las secuestradas al baño y las
ayudaba a bañarse. También se le permitía salir al exterior a colgar ropa de los
secuestrados. A través de ella supo que estaba en La Cacha y que se encontraba cerca de Olmos. También le contó que
estaba allí desde hacía ocho o nueve meses atrás y que había dado a luz a su
hijo en un hospital. Le había dicho que entregarían al niño a la familia por
medio de Casa Cuna y que más adelante la liberarían. Un guardia del ejército
apodado Villa era el que se ocupaba
de controlar a Laura.
Entre las personas secuestradas mencionó a Laura
Carlotto, María Cristina García, Alejandro Enrique Gutiérrez, Alcira Ríos,
Carlos Rivero, Luis Córdoba, María Laura Bretal, Norma Lidia Aquín, Néstor
Arrúa, Carlos Luis Lahitte.
Entre los guardias y torturadores mencionó a Romo, Eduardo, Villa, Don Otto, Don Ricardo, Roberto, Kojak, Daniel (II), dos o tres personas apodadas Carlitos, Marpla, Tarzán, Gustavo, Pablo, Sabino, Palito. Como responsable de La
Cacha mencionó a Daniel (I).
El 15 de agosto de 1978 fue liberada con su marido.
Varios días antes se lo habían anunciado. Pudo despedirse de otros
secuestrados, entre ellos de Laura.
Después de ser liberada, María Inés confeccionó un
esquema del lugar con su marido. Entre 1985 y 1986 lo pudieron corroborar con
otra persona liberada, María Laura Bretal. En su declaración María Inés se
refirió detalladamente a las características edilicias de La Cacha.
Al finalizar agradeció poder declarar y pidió que se
haga justicia por Laura y por todos los que no fueron liberados, una herida que
siempre lleva.
Los delitos cometidos en perjuicio de María Inés no
se investigan en el presente juicio.
A continuación declaró María Maitena Barrenese, hermana de
Octavio Alcides Barrenese.
Octavio era veterinario y docente; vivía
en la zona rural de Magdalena. Estaba en pareja con Dora Esther Franzosi y
militaba en la JP. Le decían El Vasco,
por su apellido.
El 12 de agosto de 1977 pasó por la casa
de su hermana en La Plata, para avisarle que al día siguiente se encontrarían
en Magdalena.
Al día siguiente María Maitena se dirigió
hacia allí. Mientras estaba en viaje en el colectivo, vió vehículos militares
en la ruta. Poco después de llegar a casa de sus padres, un trabajador les
informó que personas del ejército habían entrado en el campo en el que vivía su
hermano y que habían destruido todo en la casa. Su padre y ella se acercaron al
lugar y comprobaron que la habían saqueado. Su hermano, a quien esperaban, no
aparecía.
Inmediatamente comenzaron las gestiones
para dar con él. Recorrieron dependencias militares de la zona, recurrieron a
la iglesia, a la Cruz Roja, a Ibérico Manuel Saint Jean, a quien su padre
conocía desde la época en que fue intendente de Magdalena; pero no obtuvieron
ninguna respuesta.
Tiempo después supo que su hermano fue
secuestrado de la casa de Adrián Claudio Bogliano y María Susana Leiva en Villa
Elisa y fue llevado a La Cacha.
También secuestraron a Dora, su pareja.
Relató además que a través del Equipo
Argentino de Antropología Forense (EAAF) obtuvieron datos sobre sus restos y
los recuperaron; estaban en el Cementerio de La Plata como N.N.
En último lugar declaró José Atilio Milanta, padre de Patricia Elsa Marta Milanta.
Relató que una noche de marzo de 1977 tres hombres
con uniforme policial irrumpieron en su casa y secuestraron a su hija.
Patricia le contó que durante su secuestro no fue
torturada físicamente. También que al ingresar en aquel lugar, que luego
supieron que era La Cacha, un hombre
le preguntó su nombre; al decirlo aquel exclamó “es prima mía”. Tiempo después
sabría que se trataba del “Teniente Cacivio”.
José Atilio explicó que el padre de Cacivio se
encontraba casado con una prima suya, Dora Camoti Milanta.
Meses después, en septiembre u octubre de 1977, un
tal comisario Acosta se comunicó con él telefónicamente. Lo citó en la
comisaría y le dijo que su hija, que estaba allí, sería dejada en libertad. Al
día siguiente el mismo Acosta la llevaría a su casa.
José Atilio no pudo precisar si se trataba de la
Comisaría 8va o 9na de La Plata. También detalló que conocía al comisario desde
años atrás, ya que le había devuelto ciertos artículos domésticos embargados
por falta de pago.
Recordó que su hija estaba muy mal después del
secuestro y enumeró las gestiones que realizó ante ministerios, la Jefatura de
Policía y los tribunales platenses. También que la ausencia de su hija fue un
gran dolor para la familia.
Manifestó que en la Escuela de Policía Juan Vucetich,
en donde dio clases durante muchos años, reconoció a uno de los hombres que
participó en el secuestro de su hija, pero que nunca averiguó su nombre ni
radicó la denuncia correspondiente.
El abogado defensor de Miguel Osvaldo Etchecolatz,
Martín Adrogué, informó que el imputado quería ampliar su declaración
indagatoria. El tribunal dejó pendiente la decisión para la próxima audiencia
que fue convocada para el viernes 6 de junio a partir de las 10.00 hs. Se prevé
la declaración de Teresa Calderoni, Solange Surai Bertoldi Real, Fátima
Cristal, Mirta Graciela Delgado, Enrique Esteban Lyde, Carmen Graciela Delgado
y Marta Rumbo.
30° audiencia
La jornada del miércoles 11 de junio de 2014 comenzó
con la declaración de Clara María Elsa
Petrakos, hija de Constantino Petrakos y de María Eloísa Castellini. Su
hermana nació en los primeros días de abril de 1977 durante el cautiverio de su
madre; los tres permanecen desaparecidos.
Clara fue convocada por la querella para exponer
sobre los casos de mujeres embarazadas secuestradas en La Cacha
y el secuestro y apropiación de sus hijos. Indicó que a partir de su búsqueda
personal se interiorizó sobre otros casos y recopiló información sobre ellos.
Poco después de comenzar, su declaración fue
interrumpida por los defensores Martín Adrogué y Juan José Losinno, quienes
solicitaron que el testimonio no utilizara como prueba sentencias que aún no se
encuentran firmes y que la investigación realizada por Clara se incorporara sin
mediar su declaración.
Después de una breve pausa, el tribunal otorgó la
razón a las defensas y decidió que la testigo limitara su declaración a
información que no esté incorporada en la causa. Después de esta decisión
finalizó el testimonio de Clara.
A continuación declaró María de Montserrat Olivera, miembro del Equipo Argentino de
Trabajo e Investigación Psicosocial (EATIP). Indicó que desde 1979 trabajan en
el campo de la salud mental y los derechos humanos. Fue convocada para que
expusiera en torno al tema de la tortura sexual.
Los defensores Adrogué y Losinno plantearon también
en este caso que la testigo aportara su investigación para ser evaluada por las
partes, sin declarar. También objetaron que sus declaraciones sobre delitos
sexuales excedían el objeto procesal, ya que en esta causa los imputados responden
por su participación en la privación ilegal de la libertad, aplicación de
tormentos y homicidios. El tribunal decidió que la testigo continuara su
exposición.
María de Montserrat se refirió entonces a las
modalidades que se repiten desde el momento del secuestro. También se refirió
de manera general a los distintos momentos de los interrogatorios bajo tortura,
los métodos de tortura aplicados, los objetivos perseguidos con éstos y su
impacto en la psiquis y la conducta.
Luego se centró en el tema de la tortura sexual que
calificó como un tipo específico de violencia que afecta a las mujeres y es
implementada como política de destrucción. Señaló además que no se trata de
conductas patológicas llevadas adelante individualmente o en forma aislada sino
que contiene un carácter social. Se trata de una modalidad de tortura que
apunta a la cosificación, a convertir a la persona en objeto de uso y abuso.
Citó distintos instrumentos internacionales que
aluden a este tipo específico de violencia como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer –Convención de
Belem do Pará-, el Estatuto de Roma,
el informe El Derecho de las Mujeres a
una Vida Libre de Violencia y Discriminación en Haití –CIDH, 2009-. También
hizo un repaso por los planteos judiciales y sentencias de causas que juzgan
crímenes de lesa humanidad en el país en cuanto al tema específico de los
crímenes sexuales.
Luego refirió los efectos psicosociales que éstos
conllevan, destacando que son crímenes poco visibilizados por un doble
silenciamiento, desde el Estado para garantizar su impunidad y desde las
víctimas por el temor a la sanción social, entre otras causas.
Se trata de hechos altamente traumáticos, que se
reviven permanentemente; tienen una afectación biológica –enfermedades,
embarazos, daño permanente de los órganos sexuales, esterilidad- y efectos
psíquicos a corto y largo plazo –sentimientos de humillación, culpa, pérdida de
la autoestima, sentimiento de vulnerabilidad, depresión, ideaciones suicidas,
somatización, temor al rechazo. Asimismo las relaciones interpersonales y la
vida sexual general es afectada por estas experiencias.
Incluyó el desnudo forzado dentro de estas conductas,
ya que el verse despojado de ropa implica una situación de humillación y de
deshumanización extrema.
Afirmó que desde su perspectiva la tortura sexual es
entendida como una práctica sistemática de la que todos los agentes represivos
son responsables como partes del sistema de tortura. Los crímenes sexuales son
perpetrados por todos los agentes del estado ya que no responden a lo
patológico individual sino que se trata de una imposición general que se
despliega a lo largo del orden jerárquico y están incluidos en el sistema de la
tortura.
Señaló que en los últimos años se comenzó a
visibilizar más el impacto de la tortura sexual en las mujeres, a partir de las
declaraciones de aquellas que se animaron a relatar sus experiencias; aún
permanece en gran medida silenciado lo vivido por los hombres víctimas de
secuestro durante la última dictadura.
En último lugar declaró Alfredo Aurelio Tarruella, quien permaneció secuestrado en La Cacha
durante 1977.
Alfredo fue delegado metalúrgico en Avellaneda;
también trabajó en un frigorífico. Fue secuestrado el 19 de octubre de 1977 con
su compañera María Ester Martelotti en un café de la localidad de Quilmes
ubicado en Rivadavia e Hipólito Yrigoyen. Alfredo vio un camión del que
descendieron hombres con ropa de fajina, cortaron la calle, irrumpieron en el
bar y los secuestraron, llevándolos en autos separados.
Fueron trasladados a La
Cacha. Al llegar allí, Alfredo intentó escapar, pero fue
recapturado. Lo interrogaron bajo tortura sobre personas conocidas. Entre las
personas presentes reconoció la voz de Marina,
que había sido secuestrada en La
Plata.
Se refirió también a las condiciones en las que
permaneció secuestrado, cómo eran llevados al baño, la comunicación con Alicia,
que se encontraba en la parte superior, la capucha que llevó permanentemente
mientras estuvo allí. Indicó que escuchaban que al llegar nuevas personas
secuestradas eran torturadas inmediatamente. Los gritos eran constantes.
También dijo que la comida que servían era como la que se sirve entre los
militares, de rancho.
Entre los guardias y torturadores mencionó a Potro.
Recordó también que Alicia pudo avisarle que ambos
serían liberados. Un día los condujeron en un auto hasta el cruce de
Alpargatas, en donde los dejaron encapuchados y con la orden de contar hasta
cien antes de mirar. Así lo hicieron y luego cada uno se dirigió a su casa. Era
el mes de diciembre de 1977.
En esa oportunidad, Alfredo fue a casa de una
compañera que le curó las profundas heridas que tenía en los pies. Después de
restablecerse no tuvo domicilio fijo, hasta 1981 cuando se exilió en Brasil.
Luego vivió en Paraguay y después regresó a Argentina. Durante mucho tiempo
padeció desórdenes del sueño e hizo terapia durante tres años.
Después de su secuestro supo que había estado en La Cacha ;
él había creído estar en algún lugar de la Escuela de Policía Juan Vucetich, por los
ladridos que escuchaba permanentemente. En el final señaló que al declarar
reconstruye un pasado muy difícil, del que nunca contó muchos detalles. Su
compañera, Alicia Martelotti, murió recientemente.
En el final de la jornada el imputado Miguel Osvaldo Etchecolatz amplió su
declaración indagatoria. Al comenzar dijo querer echar luz sobre el “enmarañado
problema” del homicidio de Marcelo Gabriel José Bettini y Luis Eduardo Sixto
Bearzi.
En cuanto a los homicidios que se le reprochan, dijo
no conocer el episodio en que Bettini murió ni las pericias sobre su muerte. En
el caso de Bearzi, realizó conjeturas en cuanto a las condiciones que rodearon
su asesinato. Dijo que participó sólo un vehículo porque sospecharon que se
trataba de delincuentes comunes, ya que de otra forma hubieran realizado un
despliegue más importante. También se explayó sobre el tipo de armas que
utilizaba la policía en aquel entonces. Por otra parte, objetó el pedido de
elevación a juicio de la fiscalía sobre estos dos casos, señalando lo que allí
encontró como errores y reconoció que existían registros de inteligencia
policial sobre Bettini desde 1974.
Respondiendo la pregunta del tribunal, indicó que en
noviembre de 1976 ocupaba el cargo de Director General de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
Como en otras oportunidades se refirió a cuestiones
que reedita en cada declaración indagatoria. Ni el tribunal ni las querellas
objetaron que se explayara sobre temas ajenos al juicio. Citó extensamente publicaciones,
manuales y declaraciones de distintos militantes Montoneros; refirió también
las palabras de legisladores a favor de la represión y las sentencias que ya lo
condenaron en juicios anteriores; tampoco se privó de citar a Cicerón.
Nuevamente expresó que él cree estar siendo juzgado en un proceso irregular,
arbitrario. Dijo haber defendido la patria y ahora aparecer como un asesino
serial.
El próximo viernes 13 de junio se realizará una
inspección ocular en el predio que ocupó La Cacha y
para el miércoles 18 fue convocada la próxima audiencia en la que se seguirán
escuchando testimonios.
lunes, 9 de junio de 2014
Cronograma de audiencias
La próxima
audiencia fue convocada para el miércoles 11 de junio a partir de las 10.00 hs.
Se prevé la declaración de Clara María Elsa Petrakos, Gonzalo Leónidas Chaves,
María de Montserrat Olivera y Alfredo Tarruela.
martes, 3 de junio de 2014
Declara Estela de Carlotto en el juicio por los crímenes del CCD La Cacha
(Comunicado de prensa)
Abuelas de Plaza
de Mayo informa que mañana, miércoles 4 de junio, a las 10, Estela de Carlotto
declarará ante el TOF Número 1 de La Plata , que juzga a 21 represores por los crímenes
de lesa humanidad cometidos durante el año 1977 en el CCD La Cacha , en perjuicio de 135
víctimas, entre ellas siete embarazadas.
Además de la
presidenta de Abuelas, prestarán testimonio Inés Paleo y Norma Aquín, ambas
compañeras de cautiverio de su hija, Laura Carlotto, y José Atilio Milanta.
El caso
Laura nació el 21
de febrero de 1955, en la ciudad de La Plata. Militaba en la organización
Montoneros. El 26 de noviembre de 1977, fue secuestrada en su domicilio de la
ciudad de Buenos Aires. En ese momento, estaba embarazada de dos meses y medio.
Por testimonios,
se supo que permaneció detenida en el CCD “El Casco” y en “La Cacha ”. El 26 de junio de
1978, Laura dio a luz un niño al que llamó Guido. El parto se produjo en el
Hospital Militar Central “Dr. Cosme Argerich”.
Laura fue llevada
nuevamente a La Cacha ,
pero sin su bebé, y el 25 de agosto de 1978 fue asesinada.
En 1985, sus
restos fueron exhumados en el Cementerio de La Plata e identificados
por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
El juicio
Las audiencias se
desarrollan los días miércoles y viernes en la sala de la ex Amia (Calle 4,
entre 51 y 53, La Plata ).
Pueden asistir los mayores de 18 años con DNI. También se transmiten en vivo en
el sitio www.cij.gov.ar.
Para más
información, visitar el sitio www.juicioporlacacha.blogspot.com.
Agradecemos la
difusión de esta información y esperamos contar con su compañía en este proceso
que juzga a los genocidas que nos arrebataron a nuestros/as hijos/as y
nietos/as.
Ciudad de
Buenos Aires, 3 de junio de 2014.
27° audiencia
La jornada del miércoles 28 de mayo de 2014 comenzó
con la declaración de Inés Alicia
Ordoqui, quien permaneció secuestrada en La Cacha
durante 1977. Inés ya había declarado en la cuarta audiencia, el miércoles 12
de febrero de 2014. Desde entonces había quedado pendiente la posibilidad de
que se le exhibieran fotos para identificar a alguna de las personas que
participaron en su secuestro y torturas. En esta oportunidad Inés declaró sin
la presencia del público y realizó el reconocimiento fotográfico pendiente.
A continuación declaró Raúl Eduardo Axat, hermano de Rodolfo Jorge Axat.
Se refirió a las circunstancias del secuestro de su
hermano y su esposa, Ana Inés Della Croce y las gestiones que emprendió la
familia después del mismo. Rememoró vívidamente la relación con su hermano, las
vivencias que compartieron en la infancia y adolescencia y los años de
formación.
Recordó que a su hermano lo llamaban Fede, que estudió en el Colegio Nacional
de La Plata y
luego ingresó en la Facultad
de Medicina. También cursó las materias de latín y griego en la Facultad de Humanidades
de la UNLP y
trabajó en el Frigorífico Swift.
Luego fue el turno de Julián Axat, hijo de Rodolfo Jorge Axat y de Ana Inés Della Croce.
Relató que cuando secuestraron a sus padres él tenía
7 meses, pero que su familia le contó a lo largo de los años las circunstancias
del secuestro. Fue el 12 de abril de 1977 cerca de la medianoche, en la casa de
sus abuelos maternos en el centro de La Plata. Tocaron el
timbre y su abuela atendió. Poco después, abruptamente, ingresó un grupo
numeroso de hombres de civil y uniformados. Su abuela y el esposo de su tía
fueron sacados al pasillo; su tía materna, Cristina Isabel, fue encapuchada y
separada en una habitación. Por otro lado, retuvieron a sus padres en la sala,
en donde fueron interrogados. Después de un rato se los llevaron. Al regresar
al departamento, pudieron ver manchas de sangre en el piso.
Más tarde llegaron sus abuelos paternos; esa misma
noche los secuestradores habían ido primero a su casa en busca de la pareja.
Más tarde se enterarían de que el primer lugar en donde los habían buscado
había sido el domicilio de Rodolfo y Ana, en Ringuelet, en donde destruyeron
todo lo que pudieron y robaron el Citroen que poseían.
Luego Julián se refirió a las múltiples gestiones que
sus abuelos emprendieron para dar con el paradero de sus hijos. Detalló cómo
los jueces De la Serna ,
Adamo, Garro y Burlando se empeñaron en rechazar los habeas corpus interpuestos
en favor de Rodolfo y Ana, imponiendo además costas a la familia. También se refirió
a las gestiones hechas ante la iglesia católica -sin resultados-, ante la OEA , el Ministerio del
Interior. Incluso ante la madre de Videla, que tenía un vínculo familiar con
los Della Croce.
Indicó que a través de Daniel Eduardo Robelo, quien
tan renuentemente declaró en la audiencia anterior, la familia obtuvo la
información de que Rodolfo e Inés habrían sido llevados a la ESMA
y señaló que Robelo fue edecán de Videla en la primera época.
También recordó que unos quince días después del
secuestro, su madre se comunicó telefónicamente con su abuela materna, diciendo
que estaba bien y preguntando por su pequeño hijo. Ese fue el último contacto
que la familia tuvo con ella.
Ya entre los años 1977 y 1979 también se contactaron
con personas liberadas de La Cacha que habían
permanecido secuestradas con el matrimonio.
Luego se refirió a la vida de sus padres, sus
estudios y militancia. Su padre estudió medicina y filosofía; además se había
dedicado al rugby. Su madre era bibliotecóloga y estudiaba antropología;
trabajaba en la biblioteca de la
UCA. Se casaron en 1973 y militaban en el Movimiento
Humanista. Desde aquellos tiempos habían sido observados por las agencias de
inteligencia; sus movimientos quedaron registrados en la DIPPBA.
Más adelante ingresaron en la Juventud Universitaria
Peronista, luego en las FAR y luego en Montoneros. Ambos se ocuparon de la
logística en La Plata
y pasaron a la clandestinidad en 1974. En 1975 su madre realizó tareas de
militancia de base en la localidad de Abasto y su padre comenzó a trabajar en
el Frigorífico Swift.
Julián además expresó su deseo de que se sepa la
verdad de lo que sucedía en las fábricas de la zona en la época y la represión
hacia toda la clase trabajadora. Destacó además que sus padres rompieron con su
posición de privilegio y trataron de igualarse con los sectores más
desventajados.
Recordó que su padre era llamado familiarmente Fede y que fue conocido por sus
compañeros de militancia como Juan, Felipe y Simón y su madre como Juana
y Simona.
Después del secuestro de sus padres se crió con su
tía materna, Cristina Isabel Della Croce, y con sus primos. También recordó la
relación con su abuelo Axat, abogado civilista con cincuenta años de profesión.
Afirmó además que sus padres no gozaron del derecho
de defensa y consideró fundamental el testimonio de los hijos de personas
desaparecidas para reconstruir lo que sucedió, ya que los verdaderos testigos
del exterminio no pueden contarlo.
Dijo que el secuestro de sus padres transtornó a la
familia en general. Pudo crecer en el respeto y la verdad, aunque la niñez y la
adolescencia fueron difíciles tratando de ocultar las explicaciones sobre la
desaparición de sus padres a sus pares.
A continuación declaró Nora María Gutiérrez Penette, hermana
de Alejandro Enrique Gutiérrez, quien permaneció secuestrado en La Cacha
durante 1978.
Su hermano estudiaba veterinaria, estaba casado y
tenía dos hijas. Fue secuestrado el 24 de julio de 1978 de su domicilio.
También fue secuestrada María Inés Paleo. Por su parte, ella había sido
secuestrada el 22 de agosto de 1975 y después de haber sido liberada se exilió
en Madrid.
La declaración de Nora se vio interrumpida por un
debate entre el tribunal y las querellas sobre la pertinencia de su testimonio,
ya que los delitos cometidos en contra de su hermano no son investigados en
esta causa. Las querellas recordaron que la demora y la fragmentación de las
causas lleva permanentemente a este tipo de situaciones.
En este caso Nora dio cuenta de que Juan Carlos Negri
-quien estuvo imputado en esta causa pero murió incluso antes de que la misma
fuera elevada a juicio- se contactó con su primo Néstor Penette, con quien
había hecho el servicio militar obligatorio años antes. A través de Negri la
familia fue obteniendo durante un tiempo información sobre el secuestro de su
hermano. En esa época dudaban sobre la veracidad de la información, pero poco a
poco fueron comprobando que Negri estaba efectivamente en contacto con
Alejandro.
Años después supieron que Alejandro había permanecido
en La Cacha y que Negri se manejaba en la
clandestinidad represiva con el apodo de El
Marpla.
También Nora se refirió a los restos de su hermano,
que tal vez se encuentren en el Cementerio de Ezpeleta. Señaló que el estado
aun debe las respuestas por los desaparecidos, ya que hasta el presente la
información para buscarlos es aportada por los familiares y personas liberadas.
También repudió el nombramiento de César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani
al frente del Ejército, implicado en varias causas por desaparición forzada de
personas.
Luego se escuchó la declaración de Daniel Orlando Talerico, quien
permaneció secuestrado en La Cacha durante 1977.
Relató que fue secuestrado a fines de febrero de 1977
en la ciudad de Formosa, cuando regresaba a La Plata. Había ido con
dos compañeras de estudio, Berta Noemí Itzcovich y Silvia Inés Cavecchia, para
asistir al velatorio de un amigo.
Recordó que permaneció cerca de veinte días entre la Comisaría 1° de Formosa,
la Alcaldía
de Hombres y el Regimiento de Monte, para luego ser trasladado en avión con
Berta y Silvia a lo que pensaron que era Arana;
más tarde sabrían que se trató de La Cacha.
Llegaron allí a fines de marzo o comienzos de abril
de 1977. Refirió que en el lugar vivieron rutinas atroces, amarrados al piso,
vendados, encapuchados, torturados con submarino, picana, continuamente. Indicó
que eran tratados peor que animales.
En esa época Daniel tenía diecinueve años, trabajaba
y estudiaba y militaba en la
UES. Además era delegado del centro de estudiantes de su
escuela.
Recordó que fue interrogado bajo tortura por El Francés y El Gordo y que dentro de La Cacha
vio a muchas personas. Recordó el nombre de Adalberto Maza.
Entre los guardias y torturadores mencionó a El Francés, El Gordo, El Pollo, Willy.
Un día fue trasladado a la Comisaría 8va de La Plata , en donde permaneció
diez días más. En aquel lugar le hicieron firmar un papel en el que se aclaraba
que no se responsabilizaban por lo que le sucediera fuera de la comisaría.
Después de esto fue liberado.
Su vida cambió rotundamente para él y su familia, que
quedó desmembrada. Su madre murió de cáncer mientras él estaba desaparecido. Su
hermana, Mónica Amalia Talerico, y cuñado habían sido asesinados tiempo antes,
el 28 de diciembre de 1976, por la Armada. Después de liberado dejó el colegio, el
trabajo. Se fue a Mar del Plata, regresó a La Plata y en 1980 se fue a vivir a La Rioja.
En sexto lugar declaró Teresa Celia Meschiati, quien permaneció secuestrada en La Perla ,
Córdoba, entre el 25 de septiembre de 1976 y el 28 de diciembre de 1978.
Se refirió a cinco personas cuyos secuestros y
asesinatos vinculaban la ciudad de La
Plata y La Perla. Aclaró que
en aquel momento se referían a La
Plata y no a La Cacha u otro lugar
específico.
Primero se refirió a Carlos Antonio Cafferata, El Gordo; había sido diputado durante el
gobierno de Héctor José Cámpora y había militado en Mar del Plata y La Plata. En julio de 1976
lo secuestró en Córdoba el Comando Libertadores de América, al mando de Héctor
Pedro Vergés.
Luego recordó a María Magdalena Mainer, que fue
secuestrada una semana antes que ella, en septiembre de 1976. Era militante de
Montoneros y la vio por primera vez en Córdoba, cuando le encomendó viajar a
San Juan para buscar cierto material. En aquella provincia los militares
ingresaron en el hotel en el que Magdalena se alojaba y encontraron un
documento falso, su documento verdadero y el teléfono de contacto con Córdoba.
Una vez que Teresa ya estaba secuestrada en La Perla ,
en octubre de 1976, Ernesto Guillermo Barreiro la llevó a una sala en donde
permanecían algunos compañeros de militancia secuestrados. Poco después hizo
ingresar en la misma sala a María Magdalena Mainer, quien permanecía en La Cuadra ;
estaba en enagua y no la dejaron hablar. Barreiro luego le contó sobre el
operativo que había tenido lugar en la calle Corro. Nunca la volvió a ver. En
1977 preguntó a sus captores por Magdalena y le contestaron que se encontraba
en La Plata. Ella
pensó que Mainer sobreviviría, pero años después leyó sobre su asesinato con
otro grupo de secuestrados
Luego se refirió a Mario Enrique Salerno, El Dueño. Fue secuestrado a principios
de octubre de 1976 en La Plata
y fue llevado a fines de ese mes o principio de noviembre de 1976 a La Perla ,
en donde permaneció tres o cuatro días.
Luego mencionó a Marcelo Daniel Rodríguez, Chelo. Había militado en La Plata y fue secuestrado en
diciembre de 1976 en Córdoba. Permaneció en La Perla y a mediados de diciembre lo sacaron de La
Cuadra.
Finalmente, recordó a Ignacio Manuel Cisneros, Quique o Chango. Fue secuestrado en febrero de 1977 en Córdoba. En La Perla
realizaba tareas de arreglo del parque y lavado de coches. Teresa cree que
permaneció allí más de un mes y luego fue trasladado a La Plata. Cree que cerca
de junio de 1977 Ignacio fue llevado nuevamente a La Perla
y fusilado en la parte trasera del predio, algo que le fue relatado por Ricardo
Alberto Ramón Lardone, personal civil de inteligencia.
Teresa señaló que las condiciones de detención que
vivió en La Perla difieren de las que se vivieron en otros
campos de concentración. Señaló como algo positivo la realización de los
juicios en todo el país, pero recordó que falta el descubrimiento de los restos
de los compañeros desaparecidos. Agradeció el poder declarar y destacó que el
poder testimoniar es lo que la salvó después de haber sido liberada.
En último lugar declaró Mónica Elena Torres, vecina y amiga de María Elena Isabel Corvalán.
Relató que conoció a María Elena y su marido, Mario
César Suárez Nelson –El Gordo-,
cuando se mudaron al lado de su casa. Se encontraba diariamente con María
Elena, a quien conocía como Mónica,
para tomar mate, charlar sobre el embarazo, cocinar.
El 10 de junio de 1977 Mónica vio que desde la mañana
había movimientos inusuales en el barrio. Una cuadrilla de hombres comenzó a
limpiar una zanja cercana muy temprano. Cada vez que alguien salía de su casa,
gritaban “paloma”. Asustada dejó a su pequeña hija con la madrina, que vivía
enfrente. Regresó a su casa, llamó a María Elena, pero no encontró a nadie. Al
mediodía fue a buscar a su hermana al colegio y a pocos metros fue apresada por
dos hombres que le preguntaban si ella era Mónica. Los vecinos intervinieron y
evitaron que la esposaran, pero la introdujeron con su hermana en un auto, en
donde permaneció cerca de seis horas. En el auto se encontraba una chica que
decía estar allí para identificar a María Elena y su marido.
Estos hombres le dijeron que había secuestrado a
María Elena y que ella había querido suicidarse. También que habían matado a
Mario.
Después de varias horas la dejaron regresar a su
casa, en donde encontró todo revuelto. La casa de María Elena y Mario estaba
destrozada y saqueada. Vio cómo en un camión verde cargaban todo lo que habían
robado.
Poco después una vecina encontró el documento de
María Elena enterrado. Así supieron cuál era su nombre y pudieron contactar a
la familia y realizar la denuncia por su desaparición en 1984 en la CONADEP.
La declaración del testigo anunciado en la audiencia
anterior, Rodolfo Enrique Tessari, fue suspendida.
La próxima audiencia fue convocada para el miércoles
4 de junio a partir de las 10.00 hs. Se prevé la declaración de Enriqueta
Estela Barnes de Carlotto, Norma Lidia Aquín, María Inés Paleo y José Atilio
Milanta.
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